Diego Schwartzman, un jugador con todas las letras. - Abierto de Tenis Los Cabos

Diego Schwartzman, un jugador con todas las letras.

Se sabía que Diego Schwartzman era el jugador más bajo del top 100 (1,68 m) y que suplía esa desventaja  con un gran despliegue. Se sabía que había derrotado a tres top ten (Thiem en Canadá, Cilic en el US Open y Anderson en Roland Garros), triunfos que lo catapultaron a su mejor posición en el ranking (11° el año último). Pero, su gran aparición mundial ocurrió la temporada pasada cuando,  en la mismísima Philippe Chatrier, tenía entre las cuerdas al mejor jugador de la historia en esa superficie: Rafael Nadal. Sí, en una tarde nublada, por los cuartos, le ganaba  6-4 (el único set que perdió el español en este torneo) y 3 a 2 arriba  en el segundo (con quiebre a favor) ante un desconocido múltiple campeón. Hasta que apareció la lluvia en París, suspensión y, luego, remontada del mallorquín.

Es que estos cambios del “Peque” tienen nombre y apellido: Juan Ignacio Chela (ex 15 del mundo). Desde el ’17, el ex integrante de la “Legión” argentina modificó aspectos que tienen que ver tanto con el juego como con la confianza para transformarlo en un jugador de elite.

Con él consiguió regularidad (en su primer año disputó por primera vez los nueve torneos M1000), mejoró su volea para poder cerrar los puntos antes y se convirtió en uno de los grandes devolvedores (escoltó la clasificación de devoluciones detrás de Rafa) del circuito. Otro aspecto esencial en el juego del Peque fue el aspecto mental: cambiar de página rápidamente sin quedarse “pegado” a derrotas inesperadas.

Con Chela venció a los top ten y escaló posiciones hasta afianzarse entre los primeros veinte. Antes de Chela sólo había ganado 31 triunfos en el circuito y, en tan sólo un año (2017), veces salió vencedor en 39 ocasiones.

El “Peque”, que nació en Buenos Aires hace 27 años, ha conseguido dos títulos ATP (Estambul y Río de Janeiro) y llegó a cuarto de Roland Garros y el US Open. Pero, para ser profesional tuvo que vender pulseras (junto su familia) en los distintos torneos juveniles para solventar los gastos y superar las crisis económicas de su país.

Fanático de Boca y de Riquelme, admirador de David Ferrer, trabaja, desde lo físico, con Martiñano Orazín, el preparador físico que “esculpió” a Del Potro.

“Aún no tiene techo”, ha declarado su entrenador a medios oficiales. Entre los próximos desafíos se encuentra mejorar su nivel en césped. Es por eso que viene a Los Cabos: a comenzar a habituarse a un ritmo más acelerado tras la gira en arcilla. Y a afianzarse. Y, el pequeño gigante, tiene con qué. No te lo pierdas.