Al escuchar el nombre de Ernesto Escobedo se puede pensar que es un jugador de cualquier país latinoamericano. Sin embargo, la realidad es otra. Cada vez que Ernesto se presenta en un torneo lo hace con la bandera de Estados Unidos por delante.

Nacido en Los Angeles, Neto es un tenista con raíces mexicanas hasta los huesos y no tiene problema alguno en reconocerlo. Incluso en sus propias palabras se nota ese deseo de haber podido representar al país azteca.

“Realmente me siento más mexicano que estadounidense”, reconoció Escobedo en entrevista con el New York Times el pasado mes de marzo, aunque también se dijo agradecido con Estados Unidos y la USTA, pues de ahí ha recibido todo el apoyo para conseguir el sueño de ser tenista.

Con 21 años cumplidos, el mexicano-estadounidense es una de las promesas más importantes que tiene el deporte blanco a nivel nacional (Estados Unidos) y mundial. Con un 1.85 metros de altura y una potente derecha que ya causa respeto en el circuito, Ernesto se ha abierto paso poco a poco en el ranking.

Probablemente sin los focos que tienen encima jugadores de su edad, como Alexander Zverev o de manera más reciente Denis Shapovalov, ni siquiera como los tienen otros estadounidenses como Taylor Fritz y Frances Tiafoe, Neto prefiere que la gente se pregunte: “‘¿de dónde diablos salió este tipo?’”.

Con el número 77 del ranking actual, Ernesto está peleando de gran manera por conseguir un lugar en las ATP Finals NextGen, ese torneo que reconocerá a los mejores jugadores de 21 años o menos de la temporada. Ubicado en la posición número 10 de ese listado, puede ser uno de los siete invitados directos al certamen, aunque su gran desarrollo también le podría ser acreedor a la wildcard del octavo lugar.

Su ascenso en los últimos meses ha sido constante. En marzo de 2017 tenía como gran objetivo ser parte del Top 100 mundial, un sueño propio y también de su padre. Seis meses después ese reto ha quedado atrás y hoy las aspiraciones son mayores.

Entrenado por su papá en sus inicios en canchas públicas, sin ser parte de grandes clubes o academias, y con México en su corazón, Ernesto sin duda es el estadounidense más mexicano que tiene el circuito de la ATP.

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