Radu Albot, con los pies en la tierra - Abierto de Tenis Los Cabos

Radu Albot, con los pies en la tierra

No fue solamente el hecho de ganar su primer título ATP Tour tras dejar en el camino a nombres como Ivo Karlovic, Nick Kyrgios o Steve Johnson. Fue también la recompensa a muchos años de sacrificio, lucha y esfuerzo de parte suya y su familia. Fue el hecho de saber que había hecho historia al convertirse en el primer moldavo en triunfar en el tenis profesional.

Y es que, a diferencia de hace cuatro años cuando disputó en Francia un torneo donde gastó más de $200 dólares en taxis, Radu Albot pudo por fin disfrutar la recompensa de tantos años de trabajo luego de vencer por 3-6, 6-3 y 7-6(7) al británico Dan Evans en la final de Delray Beach y ganar el premio de $97,490 dólares. El mayor cheque que ha recibido a lo largo de su carrera.

Albot, de 29 años, ha estado en tour por más de una década, pero su nombre apenas comienza a ser reconocido. Cuando entró al cuadro de Delray Beach, lo hizo en la posición 82, apenas un escalón debajo del que hasta entonces había sido su mejor puesto (No. 81 en 2017). Con la victoria sobre Evans, el nacido en Chisinau ascendió hasta el No. 52.

Como los casos del bosnio Damir Dzumhur, el letón Ernests Gulbis o el búlgaro Grigor Dimitrov, quienes han hecho historia al ser los primeros tenistas de sus respectivos países en ingresar al Top 100, Albot es el primer moldavo en figurar dentro de la lista de los 100 mejores tenistas del mundo.

Moldavia, una república antiguamente perteneciente a la Unión Soviética, tiene una población de 3.55 millones de habitantes, y a nivel mundial, es más conocida por su producción de vinos. En cuestión deportiva, Moldavia (rodeado por Ucrania y Rumanía), ha producido luchadores olímpicos, futbolistas y esquiadores, no así tenistas.

Durante los Juegos Olímpicos de Río 2016, la delegación moldava desfiló con 23 atletas, incluyendo a Albot, lo cual lo convirtió en automático en el primer tenista olímpico de su país. En la competencia, Radu derrotó al ruso Teymuraz Gabashvili en primera ronda antes de caer en la siguiente instancia ante el croata Marin Cilic.

A lo largo de la justa, solamente un moldavo, Oleg Tarnovschi, logró subir a un podio olímpico cuando quedó tercero en competencia de canotaje, sin embargo, la medalla de bronce conquistada le fue despojada por haber fallado en la prueba de dopaje.

Antes de Albot, el único referente de tenis en Moldavia era Roman Borvanov, un jugador que alcanzó el No. 200 en ya lejano 2011. Hoy en día, Borvanov enseña tenis en Miami y, por obvias razones, acompañó a su compatriota durante la victoria en Delray Beach.

“Siendo sinceros, al provenir de Moldavia, los resultados que he tenido deben ser considerados como un milagro“, dijo Albot. “A diferencia de otros países, como los cuatro que albergan los Grand Slam y producen jugadores a granel, yo no tenía modelos como Pete Sampras o Andre Agassi. Me formé sin desafíos locales”.

“Entonces tienes un objetivo: quieres ser como ellos”, dijo Albot. “Al crecer, nunca tuve a alguien frente a mí. Roman [Borbanov] logró ser 200 y yo quería ser como él, incluso mejor que él. Pero tan pronto llegué al No. 190, surgió la pregunta inevitable: ¿Ahora qué? No sabía cómo ir más alto. No tenía a alguien que me respondiera cómo llegar, alguien a quién pedirle consejo. Tuve que construir mi juego yo mismo”.

Cuando Radu tenía 6 años, su padre, Vladimir Albot, vio un partido de tenis en la televisión y decidió que su único hijo jugara el deporte. Vladimir inscribió a su hijo en una escuela especializada en tenis, una academia financiada por el gobierno cercana a la casa de la familia en Chisinau, la capital moldava. El club cuenta con ocho canchas exteriores de arcilla roja y dos canchas cubiertas. Hasta hace poco, esos patios estaban hechos de tablas de madera, pero hoy se han convertido en canchas de superficie dura.

Aunque sus padres tenían pocos recursos, Vladimir viajó con Radu a los torneos juveniles mientras que su madre, Svetlana, se quedó en casa para trabajar en su práctica de terapia dental. Vladimir vendió algunas propiedades para financiar el viaje de su hijo.

“En lugar de gastar dinero en habitaciones de hotel, a menudo dormíamos en colchones dentro de gimnasios conectados a los clubes donde competía”, recuerda Radu. “Cuando se presentaba la oportunidad de que yo compartiera habitación con otro jugador, mi papá dormía en el estacionamiento”.

En la actualidad, Radu aún vive con sus padres en un departamento de dos habitaciones.

A los 13 años, mientras jugaba en Alemania, los Albot conocieron a Jimmy Oganezov, un empresario local de la antigua República Soviética de Georgia que se había convertido en entrenador de tenis. Oganezov invitó a Albot a pasar el verano viviendo y entrenando con él en Wiesbaden. Ese verano se convirtió en al menos otros 12 veranos de entrenamiento, mismos que convencieron a Radu de buscar una carrera como tenista profesional.

“La federación de Moldavia genera poco dinero de patrocinio para sus jugadores”, confiesa Albot. “Esta es una situación decepcionante, más cuando sabes que en países como Estados Unidos, Francia y Australia reciben mucha ayuda para formar a sus tenistas”.

Vestido y equipado por su único patrocinador, Yonex, Albot valora lo que ha logrado. “Vengo de un país donde el tenis no existe. Nunca fui el niño que obtuvo millones antes de los 20 años. Pero, viéndolo por otro lado, tal vez eso es lo que me hace más fuerte”.

Sea cual sea su destino en el tour, Radu Albot tiene claro qué hará después de que decida finalizar su carrera: regresar a Moldavia y ayudar a construir a la siguiente generación de tenistas de su país.

“La tarea no será fácil. Lamentablemente, Moldavia es uno de los países más pobres de Europa, pero eso no me quita la ilusión. No quiero terminar mi carrera y ver que el tenis es irrelevante en mi país”, afirma. “Quiero participar en todos los torneos que me sea posible, quiero ver ondear la bandera de Moldavia”.